El monje benedictí y la historia del fútbol en Andorra

> «En memòria del reverend pare dom Enric Graner».

El padre Enric Graner no vino a Andorra como turista, sino buscando salud. Llegó al Principado con una misión clara: curar sus patologías físicas. Sin embargo, lo que comenzó como un viaje terapéutico terminó dejando una huella indeleble en el deporte local y en la historia institucional del país.

De Montserrat a Escaldes-Engordany: Graner era un hombre de voz potente, cantante coral en los monasterios catalanes y profesor de Sagradas Escrituras. En 1928 fue enviado con otros religiosos para fundar una delegación en Jerusalén, pero su destino cambió drásticamente años después. Gracias al impulso del abad Anton Maria Marcet, la Abadía de Montserrat decidió expandirse hacia Andorra.

En 1933, tras obtener permisos clave como el uso de agua termal en Escaldes, se pusieron en marcha proyectos culturales y turísticos vitales: desde el Hostal Valira hasta el Colegio Nostra Senyora de Meritxell. Graner no fue uno de los primeros en llegar al Principado, pero sí aquel que marcó la mayor diferencia.

El fútbol como terapia y legado deportivo

Al instalarse junto a compañeros como Ambrós Caralt en un chalet cerca de Masana (ubicación actual del Centro de Negocios d'Andbank), Graner descubrió una nueva pasión: el deporte. Su propia salud mejoró gracias al ejercicio, lo que le llevó a animar a los jóvenes estudiantes montserratinos a practicar actividad física.

El terreno elegido fue la prada de Guillemó, un espacio abierto donde hoy se encuentra parte del carrer Meritxell y la sede central de MoraBanc. Allí, el monje no perdía ni un solo partido disputado por la juventud local. No solo asistía; promovía activamente los torneos de "pilota batallada" en formato rectangular.

Fue él quien tejió las conversaciones necesarias entre diferentes grupos para dar forma a una entidad deportiva formal: el FC Andorra. Este club histórico se fundó oficialmente el 15 de octubre de 1942, cumpliendo este año sus primeros 84 años. Aunque los documentos originales del archivo desaparecieron hace tiempo —hoy la historia está bajo custodia de Gerard Piqué—, el testimonio popular confirma que Graner fue su impulsor principal.

Homenajes perdurables en piedra y asfalto

La memoria institucional no se ha desvanecido. En 1969, justo cuando murió en 1960 en la enfermería de Montserrat, se colocó un monolito de piedra con placa de bronce dedicado a su figura en el antiguo campo de fútbol.

Aunque ese monumento físico ya no tiene noticias recientes ni ubicación exacta verificada hoy día, su nombre vive atemporalmente: Escaldes-Engordany recuerda al padre Enric Graner mediante un travesía (travesser) ubicado entre la avinguda Carlemany y la del Fener. Así se mantiene viva la leyenda de aquel monje que vino por salud pero se quedó para construir el fútbol andorrano.